¿Por qué odio a mi madre o a mi padre?

Para nadie es sencillo admitir que se odia, le fastidia, le cae mal o simplemente no soportan a su padre y/o madre, pero ¿Qué tanto ha sucedido en la vida de un hijo o hija para llegar a tener dicho pensamiento, para aceptarlo finalmente y llegar a dicha conclusión? ¿Qué tanto dolor has soportado? ¿Cuántas veces te has sentido invalidado o rechazado? ¿Cuál es tu historia?

Todo tenemos una historia para ser contada pues en algún momento fuimos niños, por lo que las malas experiencias de nuestra infancia se mantendrán hasta llegar a adultos si no se toman medidas correctivas durante el camino. Pero ¿Quién se daría cuenta que las malas situaciones que se vive de niño afectarían el desarrollo como una persona responsable de sus emociones? Nadie toma en serio la salud mental de los niños, adolescentes ni jóvenes, como una situación para ser tratada desde el primer contacto social.

Dado que los seres humanos somos la acumulación y el conjunto de experiencias, por ello, todo lo que acontece en la infancia, la crianza, el cariño, la atención, apoyo, la guía recibida por papá y mamá, la falta de enseñanzas, los miedos, permite o no, una relación equilibrada con uno mismo y con ellos.

En decir, los padres también son seres humanos, son personas que como los demás, tienen historias, traumas, miedos, metas y expectativas, pero los hijos suelen idealizar a ese primer contacto social al tomarlo como ejemplo para la vida, que en el momento que ellos cometen un error, los hijos suelen decepcionarse y crear una mala imagen de estos, pues durante el crecimiento, no se les explica que también como personas, cometen errores y tienen ilusiones.

Ahora, es preciso aclarar que la función de un padre y una madre es cuidar, proteger, enseñar, guiar, acompañar, apoyar y fomentar las herramientas necesarias para enfrentar las diferentes situaciones que se les pueda presentar en la vida de los infantes, de tal manera que formen seres humanos integrales sin afectar el desarrollo en la sociedad, es decir, ayudar a que los hijos sean felices mientras viven su propia vida.

Sin embargo, cuando un padre o madre conservan traumas de su juventud que no le han dado el tratamiento adecuado para sanar, estos repercuten en la crianza del menor significativamente, por ejemplo, si la madre ha sido asaltada en su adolescencia y no asistió a terapia psicológica, aquel miedo ocasionado puede mantenerse hasta su edad adulta, que al momento de formar una familia y ser madre de una niña, el miedo se manifiesta con diferentes prohibiciones y actitudes desadaptativas donde la niña también vivirá con miedo sin saber el origen del problema.

Entonces, una vez los hijos crecen y comienzan a retroalimentar su vida, sus vivencias, de humanizar sin idealizar a papá y mamá, se abren los ojos a un mundo desconocido ante el entendimiento de nuestra propia vida. No obstante, no se trata de culpar o señalar las acciones o falta de ellas de papá y mamá en la vida de sus hijos, pues todo lo que hicieron y dijeron fue en base de su propia experiencia en pro de sus hijos e hijas.

Se dice que, socialmente está mal visto que un hijo odie a su padre o madre, es decir, ¿Porqué tendría que hacerlo si fueron quienes le dieron la vida? Pero, a pesar de que hasta el final de los tiempos sean papá y mamá, existen hijos que no les caen bien por diferentes razones, así como existen padres / madres, que no les agrada algunas actitudes de sus hijos sin importar la edad que tengan, pues no siempre se estará de acuerdo en la vida que se quiera llevar.

De todo lo anterior, ¿Cuál es la razón, el motivo y la circunstancia que te hizo sentir odio como hijo o hija? Por ejemplo, está el caso de una joven que a sus veintitantos años comienza a cuidar de su salud mental por el alto agotamiento emocional que ya no podía aguantar mas por diferencias en su casa y todo lo que en su vida personal sentía; al asistir por un par de veces al psicólogo y contar un poco sobre su historia, su historia familiar, comportamientos inculcados donde debía ser la niña buena y complaciente, entre otras situaciones, llegaron a la conclusión de que ella había guardado resentimiento y rencor hacia su padre y madre, pero durante los veintitantos ella no lo aceptaba pues a pesar de que se quejaba y los ama, hasta ese día con el psicólogo, se liberó al reconocer cada situación que le causaba ese malestar.

Con esto, se pretende explicar brevemente de que todo malestar tiene un origen, cada emoción, sentimiento y reacción, cumple con la ley de causa – efecto, por ello, ¿Cuál es la causa de tu malestar? ¿Por qué no los soportas? ¿Cómo te han hecho sentir? ¿Qué ha pasado para manifestar esa emoción? ¿Cuál es el detonante?

Todas las situaciones donde como hijo/hija no te sientes a gusto, suelen conllevar a un desequilibrio emocional que afectan de alguna manera en los diferentes ámbitos de la vida del hijo / hija, debilita el vínculo entre los progenitores con los primogénitos, entre otras consecuencias que con el pasar del tiempo carcome a cualquier persona, por tal motivo, es necesario tomar medidas desde el pensamiento crítico y razonal que se ha fortalecido, pues se debe tomar el control de la mente.

Entonces, una vez comprendido la causa del sentimiento de odio, es necesario profundizar en ti, en el sentimiento de rechazo y de inferioridad que se está manifestando, con ayuda de un profesional en la salud mental que acompañe en la sanación de los primeros vínculos sociales, además de fortalecer las herramientas emocionales y ciertas habilidades sociales que influyen en el proceso, de tal manera que no se reproduzca algún daño en el entorno.

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