“Me siento decepcionado de mí mismo”

me siento decepcionado de mi mismo

Como personas donde se encuentran presente aspiraciones, deseos y objetivos para cumplir, cada uno tiene la idealización de su propia realidad a partir de la percepción del mundo que crea, es decir, a pesar de que no queramos ilusionarnos con una situación específica o personas, solemos imaginar el cómo sería, aspirando a grandes cosas.

Pero no está mal soñar despierto en un mundo donde todo lo que se quiera alcanzar puede ser posible con dedicación, trabajo duro, disciplina y esfuerzo, sin embargo, solemos descargar todas nuestras expectativas construidas de un escenario deseado frente ello. Lo cual, una vez no llega a cumplirse tal como se quería o se esperaba, se genera un sentimiento de vacío e inconformidad con nosotros mismos dirigida al dolor en nuestro interior conocido como decepción.

Entonces, la decepción se puede presentar hacia una situación o persona específica, por ejemplo, cuando después de haber estudiado por mucho tiempo desde día hasta la noche para poder pasar un examen difícil de la carrera universitaria que se está cursando, finalmente no se consigue la nota esperada. También puede presentarse cuando se cumple con todos los requisitos para obtener un aumento en el trabajo, pues lo necesita con ello el próximo mes, por lo que, al solicitarlo, se presenta un inconveniente por cualquier mínimo detalle faltante, no es posible conseguirlo.

Al fin de cuentas, la decepción se genera por nuestra propia idea, es decir, no son las personas o las situaciones que se presenten lo que causa el dolor representativo de la decepción, sino la idea errada que creamos a partir de nuestros impulsos emocionales sobre algo o alguien, pues las personas son como cada uno es y eso no se puede cambiar, nadie tiene la potestad, derecho ni obligación de transformar a otra persona; así mismo acontece con las situaciones, sucederá lo que tiene que suceder, y aunque no parezca, será lo mejor para ti.

De todo en esta vida se aprende, de lo bueno y de lo malo, de lo que acontece y de lo que no, simplemente es cuestión de nosotros mismos vivir la experiencia y asimilar la lección que nos deja, pues a veces no es cuando nosotros queramos, sino cuando lo necesitamos, de ahí proviene la conocida frase de “el tiempo de Dios es perfecto”.

Ahora bien, establecer una meta de vida que vaya acorde a nuestro propósito, gustos y necesidades, no es para nada fácil de encontrar, por lo que una vez lo hallamos, salimos al mundo para arrasar con cuerpo y mente con tal de alcanzar aquello que finalmente encontramos que nos mueve el alma, por tanto, no se permitirá que nada ni nadie interfiera en nuestros planes.

Sin embargo, durante el camino que tomamos para alcanzar dichos objetivos previamente planteados, puede estar lleno de diversos obstáculos que nos hacen dudar de nuestras capacidades, habilidades, las cosas comienzan a ir mal, hasta ver imposible la realización de pequeñas metas trazadas, provocando desánimo para continuar. Experimentamos pequeños sentimientos de impotencia e inconformidad consideradas decepciones personales.

Pero ¿Por qué me siento decepcionado de mí mismo? Es una constante pregunta que se presenta cuando enfrentamos una decepción cuando se trata de algo que nos encontramos envueltos por nuestra propia cuenta, puesto que el simple hecho de ser conscientes que no se conseguirá lo que tanto se ha luchado y querido, causa una sensación de rabia, desilusión, tristeza, hasta pesar.

Al llegar a ese estado, es probable que nos insultemos, comencemos a tratarnos mal, descuidarnos físicamente, y auto inducirnos en pensamientos saboteadores como “soy un inútil”, “no sirvo para nada”, “Me siento decepcionado de mí mismo”, o en su defecto, terminamos culpando a la vida, el universo, hasta a Dios por no hacer posible lo que se quería desde un principio.

Si bien, intentar salir de ese estado es cuestión de una sanación propia, el sentimiento permanece con pequeña intensidad siempre y cuando no es gestionado adecuadamente, entonces ¿Por qué me siento decepcionado tanto de mí mismo? Para responder, es necesario tener claro que tus acciones, tu comportamiento y pensamiento, están alineadas por la falta de fuerza de voluntad ni persistencia para finalmente dejar a un lado ese sentimiento desgastante.

Si, en algún momento de nuestras vidas tenemos pensamientos de “Me decepcioné de mí mismo”, puesto que tenemos la predisposición de ser mejores cada día, de cumplir con algunos estándares sociales que de cierta manera interiorizamos a tal punto de querer encajar, de intentar ser parte del todo, auto presionándonos para cumplir con las expectativas que otros tienen sobre nosotros. Ello nos conlleva a generar marcas de comparación con otras personas.

Pero recuerda que todos tenemos nuestro propio tiempo y vamos a ritmos diferentes en la carrera de la vida. Es desgastante intentar cumplir con las expectativas que otras personas tienen sobre nosotros para complacer a todo el mundo, de la misma manera que es agotador sentirse mal por no haber cumplido lo esperado por nosotros mismos.

No se trata ahora de que, todo lo que pase contigo o tus aspiraciones te de igual, es cuestión de saber gestionar el malestar que causa sentirse decepcionado, ya que todo en esta vida es un aprendizaje constante el cual debemos estar dispuesto a adquirir con tal de existir de la manera que se desea. Sin miedo al fracaso, sin miedo al éxito.

Entonces, se recomienda examinar tus expectativas, es decir si realmente eran tuyas o impuestas por la influencia del exterior social o por personas allegadas; recuerda que no existe un mundo ideal, entre más realista establezcas tus parámetros de objetivos esperados, más rápido entenderás que a veces si y a veces no; reconoce tus limitaciones, aspiraciones, condición humana, posibilidades y probabilidades para alcanzar o no lo propuesto; conócete, toma tiempo para saber de verdad lo que quieres, lo que mereces y lo que necesitas.

Ten presente que te puedes permitir sentir decepción, pero no permitas que este sentimiento te condene al sumergirte en un agujero de profunda desolación causado por el dolor emocional.  

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