Cómo curar la preocupación

Todo ser humano tiene en cuenta que existe un grado de incertidumbre en el futuro, por lo que lo único que tenemos seguro es el presente, ya que la acción del momento que estamos viviendo sentimos con seguridad que podemos tenerlo bajo control, sin embargo ¿cómo puedes controlar lo que las demás personas a tu alrededor hacen? Quiero decir, supongamos que vas a cruzar la calle cuando el semáforo indique que puedes avanzar, por lo que tu acción la controlas sin preocuparte, pero existe la posibilidad de que una persona esté conduciendo sin responsabilidad vial y se vuele el semáforo, ocasionando un accidente, ¿Te sentiste inquieto/a con la situación expuesta?

Consejos sobre cómo dejar la preocupación

Preocuparse en exceso puede ocasionar altos niveles de estrés y tensión tanto físico como mental en la vida del ser humano, sin embargo, es necesaria como señal para poner en marcha la capacidad resolutiva hacia posibles acontecimientos, pero como todo en exceso es perjudicial para la salud, es necesario aprender a manejar la preocupación para dirigir la atención y la energía a lo que realmente es importante.

Solemos preocuparnos por cosas que no han pasado por crear escenarios en nuestra cabeza totalmente catastróficos, a tal punto que olvidamos disfrutar del proceso, por lo que estamos viviendo y del aprendizaje que la situación nos permite experimentar, entonces, ¿De qué nos estamos preocupando realmente? ¿Qué pasará? ¿Estaré bien? ¿Lo hice bien? ¿Esa persona está contenta?

Para saber cómo dejar de preocuparte, primero dirígete al origen del pensamiento generado por el hecho motivador e identifica qué te está preocupando ¿Una situación? ¿Una persona? ¿Una acción?

Seguido, procura escribir en forma de lista o narrativo lo que está aconteciendo y las posibles soluciones a esa preocupación, por ejemplo, si te preocupa la aceptación o denegación de la solicitud de ascenso en el trabajo que solicitaste, haz una lista de acciones que harías para lidiar con ello mientras esperas: preguntar sobre el estado del proceso, realizar una actividad que te motiva, salir a caminar, meditar, hacer ejercicio, hablarlo, o cualquier otra.

Finalmente, si la preocupación continúa y te impide realizar algunas de las acciones enlistadas, es momentos de respirar profundo y dejarte llevar, no te voy a mentir, no es nada sencillo “dejarlo fluir”, pero recuerda que tú ya hiciste la parte que te corresponde, el resto que sea la voluntad de Dios.

Permítete sentir, permítete preocuparte mejor.

¿Es posible bajar la preocupación?

La respuesta es sencilla: Si es posible disminuir la preocupación que se puede sentir; sin embargo, la acción puede llegar a ser complicada de hacer, pero nunca imposible.

El ser humano está codificado con creencias, principios y valores que están fundados desde el momento en que está en el vientre, por lo que a medida que se va creciendo, el mundo exterior influye en el aprendizaje de ciertos “modus operandi”, los cuales se adhieren a la personalidad que se está desarrollando, con ello, el nivel de preocupación hacia determinadas situaciones, acciones, hechos, momentos o personas, dependerá del conjunto de vivencias de cada individuo.

Si bien, la intranquilidad que causa pensar sobre la incertidumbre de “lo que pasará”, conlleva a un exceso de carga reflejado en el estado emocional, físicos, psicológicos y mental, lo cual afecta en los diferentes ámbitos personales como la manera en cómo nos relacionamos con las demás personas, pues acumulamos un sinfín de ideas sobre lo inseguro que pueden resultar vivir.

A la vez, la activación de la preocupación en nuestro cerebro funciona como alerta para prevenirnos de algún peligro, puesto que actúa como un recordatorio mental que permite enfrentar situaciones que estén causando malestar, por lo que, al preocuparnos se suele emprender el camino para resolverlo en el menor tiempo posible.

Es por tanto que, la preocupación como mecanismo de defensa posibilita en gran medida enfrentarnos a los caminos de la vida, pero depende de la gestión de ello que no sobrepase el límite en el que se convierte en un malestar mayor.

Entonces, ¿Cómo curas o sanas algo que todo ser humano lleva consigo biológicamente? Sólo que unas personas aprenden a gestionarlo paulatinamente, de tal manera que equilibran la tranquilidad e inquietud en sus vidas. ¡Es posible!

La mejor manera de manejar la preocupación

Por muy asfixiantes que pueden ser las dificultades de la vida, son posibles manejarlas para vivir mejor.

Solemos preocuparnos por cualquier cosa, desde hechos pasados que causan remordimiento o culpa o por lo incierto que es el futuro generando miedo e intranquilidad, por ende, el presente es el único tiempo que tenemos para reflexionar sobre lo que verdaderamente importa.

Es decir, cuando un nieto “delgado” visita a su abuela, ella hace hasta lo imposible para que el nieto se alimente bien, por lo que se preocupa por hacerle una ración grande de comida, seguramente por el hecho del cariño que le tiene, porque el infante se encuentra en crecimiento y quizá porque en la época de la abuela era limitada la alimentación; pero, por otro lado, el niño sin preocupación alguna, no tiene en cuenta esa intranquilidad que a su abuela le causa verle “delgado”.

El punto es que, depende de cada persona si decide genuinamente bajar la preocupación que emite el ruido de sus pensamientos mientras se mantiene alerta a la incertidumbre del futuro en un grado manejable sin que interfiera en las actividades cotidianas, ni sus principios, valores ni creencias; o prefiere continuar sintiendo el intranquilo agobio del “qué pasará”.

Preocuparse implica un desgaste de energía innecesaria, por tanto, para manejar la preocupación procura mejorar la actitud frente a la situación que te inquieta, analiza objetivamente sin comparar la situación de tal manera que abras la mente a soluciones oportunas, igualmente, intenta no juzgarte ni crucificar a algún tercero sobre la preocupación, ya que la idea es que veas con claridad la realidad, entonces, date tu tiempo para enseñarte poco a poco a manejar la preocupación.

Cuando los pensamientos están enfocados en otra actividad, las preocupaciones suelen disminuir su intensidad, por tal motivo, procura gestionar el equilibrio entre lo que te preocupa que sea necesariamente inmediato, junto al desarrollo de hobbies.

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