Qué es la resiliencia

¿Cómo quieres llevar tu vida?

Todas las personas vivimos situaciones tanto positivas como negativas que de cierta manera nos enseñan una lección para continuar con la vida, sin embargo, la capacidad individual de hacerle frente a ello, es lo que se conoce como resiliencia.

Algunas personas suelen enfrentar problemas de la vida de diferentes maneras, por ejemplo, existen aquellos que omiten, huyen o intentan que “no les afecte” lo que está aconteciendo, pero en realidad guardan en un baúl todo lo que sienten para alejarse del caos, pero lo que no saben es que ese baúl que han estado sumando, va a estallar en un momento determinado y no sabrán cómo enfrentarlo.

Al contrario de otras personas, procuran tomar el problema con todos los sentimientos que la situación les puede generar con tal de hacerles frente con tal de resolver de raíz el malestar que les ha causado, ya sea por que aprendieron de una experiencia pasada, cuentan con herramientas emocionales fortalecidas o la vida misma bajo el autoconocimiento consciente los ha llevado a ello.

Cualquiera de las dos situaciones, todos resolvemos nuestras situaciones como podemos, con las herramientas que se cuenta en determinado tiempo, por tanto, la historia de cada sujeto influye en el desarrollar la capacidad de resiliencia.

Factores que desarrollan la resiliencia

Si bien se ha comentado, existen factores tanto externos como internos que influyen en el desarrollo de la resiliencia en alguna etapa de la vida de una persona.

Por un lado, los factores externos van ligados a las condiciones ambientales en las que interactúa el sujeto, la educación que recibe desde el seno del hogar, haber presenciado un evento fortuito, una enfermedad congénita, disfuncionalidad familiar desde temprana edad, señalamiento por racismo – sexismo, entre otros escenarios en los que el sujeto se ve “forzado” a aceptar, aprender y seguir adelante.

Al otro lado de la moneda se encuentran los factores internos, que a pesar de que la persona se encuentre rodeado de un entorno de condiciones favorables, la capacidad de sobrellevar el día a día, sus valores y principios, la forma de relacionarse con sus seres queridos, el desarrollo de la comunicación asertiva, aprendizaje continuo, manejo de sentimientos negativos/ positivos en situaciones frustrantes, entre otras habilidades que adquiere bajo “pequeños” baches del camino, le llevan a forjar la resiliencia.

No obstante, todos podemos desarrollar la resiliencia a partir de cualquier factor por sí mismos, ya que la visión realista tanto de las circunstancias del entorno como de nosotros mismos sin tener la necesidad de colocarnos en una posición de víctima, permite la destreza resiliente.

¿Cómo construir resiliencia?

Ser resiliente lleva tiempo.

En la rapidez de la vida actual, queremos que todo suceda de manera inmediata, por lo que perdemos la paciencia causando apatía por disfrutar del día a día con sus altas y bajas, ¿Qué nos está pasando ahora? ¿Qué es lo realmente importante y urgente de hacer?

Siendo así, ¿En qué momento reaccionaste que necesitabas un cambio? Quizá por una situación fortuita, una sacudida inesperada que ha tocado la puerta de tu existencia, o talvez un despertar de conciencia que te ha llevado el autoconocimiento; cualquier que haya sido el motivo, es momento de poner en marcha el impulso de la resiliencia:

  • Aprende a relacionarte con tus cercanos, es decir, cuando cuidamos de nosotros mismos procuramos el bienestar de aquellas que son importantes en nuestra vida, ya que fortalecemos la relación al apoyar y aceptar la ayuda cuando es necesaria, nos alienta a seguir adelante.
  • El futuro es incierto y es momento de ser conscientes de ello día tras día, por tanto, cuando surja un obstáculo en el camino, intenta tomarlo como una crisis insuperable, por el contrario, procura aceptar que el cambio hace parte de la vida por lo que no siempre tendrás los resultados esperados.
  • Plantea el trayecto hacia tus metas paso a paso, siendo realista de las tareas y enfocándose de las actividades que puede realizar, más no en aquellas que no se pueden controlar.
  • Las acciones valen más que dejarlo en el pensamiento, por tanto, toma decisiones y lleva a cabo acciones resolutivas ante una adversidad.
  • Continúa descubriéndote a lo largo del camino, tus gustos, disgustos, pasiones, lo que deseas y lo que no permites en tu vida, pues estas cultivando una visión positivamente realista para confiar en tus instintos en la toma de decisiones cuando resuelvas conflictos objetivamente.
  • Disfruta de cuidar de ti, tanto en el aspecto físico, espiritual y psicológico, estar pendiente de tu bienestar ayuda a mantener la trilogía en equilibrio para las situaciones que requieran resiliencia.

Importancia de la resiliencia

Quizá podemos observar a menudo personas que a lo largo de su vida han sido resiliente por causas del entorno o enfermedades de nacimiento, por lo que actualmente son personajes reconocidas a nivel internacional por su coraje, como es el caso de Nick Vujicic, Nelson Mandela, Frida Kahlo, entre otros que «la pasaron mal pero sobrevivieron», los cuales nos permiten reflexionar que todas las personas cuentas con la habilidad, capacidad y destreza de ser resiliente, puesto que cada uno lo es a su manera.

Dicho lo anterior, los pequeños pasos que das diariamente al estado consciente de tus acciones, cuentan, pero ¿Por qué es importante la resiliencia? Si bien, permite aumentar tu autoestima, fomenta la independencia emocional, fortalece la salud física y mental, tiende a enfocar tus energías a lo verdaderamente importante en tu propósito de vida, fortalece las relaciones personales más satisfactorias, incrementa la confianza en el entorno laboral para solución de conflictos o de comunicación, permite el manejo de fuertes emociones en situaciones bajo presión, entre otras ventajas.

Pero, ¿La resiliencia solo beneficia la vida persona? No, una vez se comienza a fortalecer la capacidad resiliente e incorporarla cotidianamente, se adhiere sin darnos cuenta en el campo laboral, profesional, académico, pareja, amistades, familia y personal, ya que comienza a ser parte de nuestra perspectiva de vida, por ejemplo, permite controlar los impulsos negativos en el trabajo, aumenta la productividad, facilidad de adaptación a cambios repentinos, desarrollar nuevas habilidades, entre otras optimas transformaciones.

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